Jaime Olmedo Ramos
Académico de la Real Academia de la Historia Rector de la Universidad Camilo José Cela
Buenas noches a todos, queridos Bartolos y Bartolas:
Lo primero que quiero hacer es dar las gracias: gracias al Ayuntamiento en las personas de su
Alcalde-Presidente, Esteban Blázquez, y de su primer Teniente de Alcalde, David Talavera, por
haberme escogido para este honor. Y gracias a todos vosotros por estar hoy aquí, por compartir este
momento en la noche en que comienzan oficialmente las fiestas en honor de San Bartolomé.
He hablado en muchos lugares, pero os aseguro que hoy es un día muy especial para mí. Explicar mi
presencia esta noche aquí solo por mi trayectoria académica supondría una justificación a medias,
pues se referiría solamente, por así decir, a la cabeza, y hoy quiero explicar mi presencia aquí,
sobre todo, por el corazón.
Yo no soy de San Bartolomé, pero quiero a San Bartolomé. Y lo quiero en primer lugar por mi mujer,
Raquel, y por su familia, que ha pasado a ser la mía. Y lo quiero también por mis hijos, Jaime y
Jimena, que han hecho de San Bartolomé su pueblo: aquí quisimos que se bautizaran bajo la
protección del Apóstol y aquí han pasado sus veranos azules haciendo verdaderos amigos que hoy lo
siguen siendo.
Sin embargo, para mí todo empezó tiempo atrás. De pequeño pasé muchas veces por aquí camino de Los
Navalucillos, el pueblo de mi padre. Quién me iba a decir entonces que en la primera casa que se
deja a la izquierda viniendo de Talavera vivía quien luego iba a ser mi mujer.
Luego, en los Maristas de Talavera, tuve por compañeros de clase a Antonio Mayoral Arenas y a Ángel
Julio Merino Vázquez, ambos primos hermanos de mi mujer cada uno por una rama familiar. Quién me
iba a decir entonces también que esos apellidos (Arenas y Vázquez) que tantas veces escuché en las
listas de clase pasarían a formar parte de mi vida.
Al contrario que otros pregoneros de años anteriores, yo no conozco las historias pasadas del
pueblo ni tengo memoria propia de personas, lugares y anécdotas que todos habéis conocido y cuyo
recuerdo compartís. Mi conocimiento directo comienza hace 25 años, cuando entré en el pueblo de la
mano de mis queridos suegros Pedro Arenas y Angelines y de mis cuñados
Carlos y Marigel. Tuve la inmensa suerte no solo de sentirme uno más de los Arenas y los Vázquez,
sino de que todo el mundo me acogiera con un cariño y un respeto que hoy quiero agradecer
profundamente.
En seguida me sentí como en un lugar propio. Quiero dar las gracias, por tanto, a muchos de los que
estáis aquí esta noche y recordar a muchos otros que ya no están, pues todos sois gentes, como dice
Pedro Salinas, “que resultan ser, en cuanto se les conoce, personas tan cabales en su humanidad,
tan dignas en su conducta y tan atinadas en su juicio como muchos hombres rebosados de
instrucción.”1
A lo largo de este tiempo, fui entrando en San Bartolomé y San Bartolomé fue entrando en mí.
En todos estos años, he conocido a buenas personas, he recorrido las calles y las afueras del
pueblo y he participado, siempre que he podido, en sus fechas señaladas: el Día de los Santos, el
Domingo de Ramos y, por supuesto, estas fiestas de agosto.
Me gusta llegar aquí y, lejos del bullicio de Madrid, dejar que el reloj de la iglesia marque
tranquilamente mis horas, escuchar los gallos por la mañana y ver las puestas de sol al caer la
tarde. Por la noche, me gusta pasear y ver los grupos de vecinos en el fresco. Y me gusta
especialmente intercambiar con ellos un saludo, porque, aunque no seamos parientes ni paisanos,
estamos en San Bartolomé y, como escribió Baltasar Gracián, también hay “parentesco de corazones”2
y nuestro parentesco es el afecto compartido por este pueblo.
Hoy es un año especial para la historia de San Bartolomé y quizás eso justifique que yo, que he
dedicado mi vida al estudio de la Historia, dé este pregón: el año que viene se cumplirán
quinientos años de la llegada de los primeros vecinos de este pueblo en 15263.
Hace poco más de un mes, recibí la noticia más importante de mi trayectoria: la Real Academia de la
Historia me eligió como uno de sus miembros y me alegra especialmente que hoy sea mi primera
intervención pública con esa condición para hablar un poquito de la historia de este lugar.
1 Pedro Salinas, El defensor (1948), en su “Defensa, implícita, de los viejos analfabetos”, pág.
334.
2 Baltasar Gracián, Oráculo manual y arte de prudencia, ed. de Emilio Blanco, Madrid, Cátedra,
1995, aforismo 44, pág. 127.
3 Cfr. M.ª Jesús Sotelo Quintas, San Bartolomé de las Abiertas, Boadilla del Monte (Madrid),
Editorial Mediterráneo-Meral Ediciones, 2008.
Historia
En la segunda mitad del siglo XVI, el rey Felipe II ordenó hacer unas preguntas a todos los pueblos
de España. Y en ese cuestionario aparecen Las Abiertas por un lado y San Bartolomé por otro, como
dos poblaciones distintas4.
Se dice entonces, en 1576, que Las Abiertas se fundaron hacía “ochenta años y más”, es decir, a
finales del siglo XV, mientras que San Bartolomé dice ser fundado “como cincuenta años” antes, es
decir, en torno a 1526.
En esa documentación, se dice también que llamaron a ese lugar las Abiertas “por estar abiertas las
tierras” y San Bartolomé tomó ese nombre porque los fundadores “echaron suertes entre San Bartolomé
y otros santos” y salió elegido nuestro apóstol. No penséis que aquel sorteo fue un acto de
frivolidad o ligereza. Era un proceder habitual y “completamente ortodoxo” en la España del XVI
dejar que la Providencia, que la voluntad divina, escogiera por medio del azar entre varios santos
a los que ya se tenía devoción5.
Y la devoción por San Bartolomé estaba arraigada en la zona, pues en Talavera había ya un “ospital
y cofradía del apóstol Sant Bartholomé”6.
A partir de entonces, Las Abiertas y San Bartolomé fueron dos lugares distintos durante los siglos
XVI y XVII. Y a pesar de contar con más agua, Las Abiertas comenzó a decaer y, siempre con menos
vecinos que San Bartolomé, terminó incorporándose al pueblo.
Ya en el siglo XVIII, encontramos el Catastro de Ensenada, otro cuestionario a los pueblos de
España hecho a mediados del siglo, en 1751 y 1752, por el entonces ministro de Hacienda. Allí
aparecen ya los dos lugares fusionados: el “despoblado se llama las Abiertas de San Bartholome” y
el pueblo aparece ya como “San Bartolomé de las Abiertas”7.
4 Relaciones de los pueblos de España ordenadas por Felipe II. Reino de Toledo. ed. de Carmelo
Viñas y Ramón Paz, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1963, págs. 1-5 y
367-375,
5 Sobre los sortes sanctorum, véase William Christian Jr., Religiosidad local en la España de
Felipe II, Madrid, Nerea, 1991, págs. 64-65.
6 A esa hermandad se dedica el cap. 119 de Andrés de Torrejón, La antigüedad, fundación y nobleza
de la noble villa de Talavera (Real Academia de la Historia, Ms. 9/5540). Cfr. Cosme Gómez de
Tejada, Historia de Talavera. Revisada y puesta en limpio por fray Alonso de Ajofrín, edición,
prólogo y notas de Nieves Algaba, Talavera, Ayuntamiento-Organismo Autónomo Local de Cultura, 2023.
7 David Talavera Almendro, “Talavera en el Catastro de Ensenada de San Bartolomé y Las Abiertas”,
en Alcalibe. Revista del Centro Asociado a la UNED, n.º 21 (2021), págs. 281-301. También aparece
como “San Bartolomé de las Abiertas” en las Descripciones del Cardenal Lorenzana (Archivo Diocesano
de Toledo), [1782] ed. de J. Porres de Mateo, H. Rodríguez de Gracia y R. Sánchez González, Toledo,
Diputación Provincial de Toledo - IPIET, 1986, págs. 525-528.
En ese momento, San Bartolomé cuenta con 87 familias y 312 habitantes mientras que en Las Abiertas
quedaban ya solo “dos Casas habitables”.
Un siglo después, en el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de
Ultramar de Pascual Madoz (1845) San Bartolomé de las Abiertas consta como localidad con
ayuntamiento y Las Abiertas ya como un despoblado perteneciente a su término jurisdiccional.
En la segunda mitad del siglo XIX la población de San Bartolomé fue en aumento alcanzando el millar
de vecinos, para llegar en la década de 1950 a su máximo demográfico con cerca de 2000 habitantes8.
Hasta aquí ese poquito de Historia que os decía.
El baile de la pera
Dentro de dos días, todos bailaremos la pera. Una sencilla melodía que los músicos de Cebolla tocan
como ningún otro y cuyas notas inundan el pueblo durante la tarde del 24 de agosto.
Es el día más grande del año en el pueblo. Y es impresionante ver bailar juntos a familias enteras,
grupos de amigos, vecinos, forasteros y locales… en un acto organizado por la Hermandad de San
Bartolomé, después del cual tiene lugar la subasta para llevar al Santo en procesión.
Cuando llegué aquí y pregunté por la antigüedad de la fiesta, la respuesta era
siempre tan expresiva como imprecisa: “es de toda la vida”, me decían.
Pero leyendo la documentación del siglo XVI, podemos acercarnos al origen de esa festividad.
Cuando en ese cuestionario de 1575 se pregunta sobre “las fiestas de guardar” que hay aquí, desde
Las Abiertas se responde que hace unos cinco años que se celebra la fiesta de San Bartolomé porque
ese día, el 24 de agosto de 1570, “se apedrearon los frutos”, es decir: cayó granizo en Las
Abiertas y se arruinaron los frutos y las cosechas. Y se decidió entonces celebrar esa fiesta para
que el Santo protegiera los campos.
No es infrecuente que caiga granizo en esa fecha. De hecho, hay un refrán popular que dice: «Por
San Bartolomé, tormentas ha de haber». Además,
8 M.ª Carmen González Muñoz, La población de Talavera de la Reina (siglos XVI-XX): estudio socio-
demográfico, Toledo, Diputación Provincial. Patronato "José María Quadrado" del Consejo Superior de
Investigaciones Científicas, 1974.
sabemos que aquella década de 1570 fue especialmente fría y húmeda9 y San Bartolomé ha sido siempre
abogado contra las tormentas en toda la Cristiandad.
Desde aquel año de 1570 se decidió, por tanto, celebrar la fiesta de San Bartolomé. Y es lógico que
este pueblo agrícola lo celebrase ofreciendo al santo los frutos del campo a salvo por su
intercesión.
Pero, de entre todos los frutos, ¿por qué una pera, cuando, como se dice en el catastro de
Ensenada, “no ay en el Termino [de San Bartolomé] cosa alguna de Arboles frutales”?
Porque donde sí había frutales era en Las Abiertas, que fue donde cayó aquel granizo de 1570: en el
término de Las Abiertas, había “alguna porzion de olivas” y algo de árboles frutales: ciruelos,
cermeños moreras y perales.
Tenemos, pues, que estas fiestas arrancan de cuando Las Abiertas decidió en 1570 festejar el día de
San Bartolomé como rogativa para que el apóstol protegiera sus cosechas y frutos, entre ellos, las
peras. Religión, música, baile y frutos del campo se reúnen desde hace siglos en lo que viviremos
dentro de dos días.
Pueblo trabajador
Toda esa documentación histórica nos habla de San Bartolomé como un pueblo trabajador formado en su
mayoría por labradores y jornaleros en una tierra dura10.
A mediados del XVIII había “como quarenta olibas en todo el término” y otras muchas tierras se
hallaban sin cultivar “por estar de matorrales y monte bajo” o ser “varrancos y zerros inútiles”.
Dicen entonces que se recoge, sobre todo, cereal y “azeite, aunque poco”.
Cuando hoy vemos la realidad agrícola de San Bartolomé, es asombroso ver todas las fanegas de
cultivo ganadas a esa tierra dura. De aquellas 40 olivas a mediados del XVIII, se ha pasado a miles
de ellas con un aceite de calidad excelente. Eso solo es posible a base de trabajo y entrega a esta
tierra generación tras generación; algo que pude comprobar en primera persona escuchando a mi
suegro Pedro Arenas y viendo con qué respeto y veneración
9 Ramón Gonzálvez Ruiz, “El clima toledano en los siglos XVI y XVII”, en Boletín de la Real
Academia de la Historia, CLXXIV (1977), págs. 305-332.
10 Noel Salomon, La campagne de Nouvele Castille a la fin du XVIe siècle d’après les Relaciones
topográficas, Paris, SEVPEN- École Practique des Hautes Études, 1964, pág. 266.
dejó colocados en el antiguo cine del pueblo sus aperos de labor: trillos, bieldos, varas, cribas…
Pueblo solidario
Pero también es un pueblo solidario: “no ay en la Poblazion de este Lugar ningun pobre de
solemnidad” nos dicen los documentos del siglo XVIII. Y que no hubiera pobres se debe a que es un
pueblo generoso que comparte todo cuanto tiene.
Pueblo acogedor
Y es también un pueblo acogedor. Lo digo porque yo no soy el primer académico de la Real Academia
de la Historia que pisa este pueblo. A finales del siglo XVIII, otro académico ya lo hizo. Se trata
de José de Cornide, que pasó en 1789 por aquí procedente de Talavera y camino hacia los Montes de
Toledo.
El 13 de abril de aquel año llegó a este “lugarcito” -como él lo llama- “en medio de buenas tierras
de labor”. Al no existir posada alguna, dice que halló entre sus gentes “mucha humanidad” y
aceptando la hospitalidad de un vecino, aquí pasó la noche y le dieron como cena lo poco que
tenían: “un par de huevos fritos”. Escribe Cornide que “sus casitas son muy aseadas y blancas, sus
calles derechas y llanas y su iglesia bastante cómoda y espaciosa” y lo más importante: dice que
sus vecinos, con estas pocas cosas, “viven contentos”11.
Sólo así se explica que muchos apellidos que constan en la documentación histórica continúen hoy en
el pueblo: familias arraigadas a esta tierra de generación en generación compartiendo alegrías y
penas entre vecinos que son como una familia.
La documentación histórica nos habla, por tanto, de este pueblo como un lugar devoto de San
Bartolomé desde hace siglos, un lugar alegre, generoso, trabajador, solidario, acogedor, humilde y
virtuoso. Como dice Séneca, la virtud se encuentra también “cubierta de polvo, quemada por el sol y
con las manos encallecidas”12. Y doy fe de ello.
11 Los viajes de José Cornide por España y Portugal de 1754 a 1801, ed. de José Manuel Abascal y
Rosario Cebrián, Madrid, Real Academia de la Historia, 2009.
12 Lucio Anneo Séneca, Sobre la felicidad, Madrid, Eneida, 2023, capítulo “Oposición de la virtud y
el
placer”.
Dirigirme a vosotros esta noche ha sido para mí emocionante. Decía Juan Valera que “es menester
amar con toda el alma la provincia, la ciudad natal, la aldea y hasta la casa o la choza en que
nacimos”13.
Así lo haré a partir de ahora también con San Bartolomé sintiéndolo como un lugar propio.
Que seáis tan felices estos días como yo lo he sido esta noche al pregonar las
fiestas de, si me lo permitís, también “mi pueblo”.
¡Felices Fiestas, bartolas y bartolos!
¡Viva San Bartolomé! Muchas gracias.
13 Juan Valera, “Discurso leído en los Juegos Florales de Córdoba” (29 de mayo de 1903), en Obras
completas, vol. III Madrid, Aguilar, 1958, págs. 651-945)
Pregón de las fiestas en honor de San Bartolomé Apóstol(San Bartolomé de las Abiertas, 22 de agosto de 2025)
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